Más allá de cumplir nuestras metas académicas y profesionales, comenzar un curso de inglés representa un reto a distintos niveles. Cada momento de nuestra vida está acompañado de una forma diferente de aprender. Es ingenuo creer que, a medida que crecemos, nuestra capacidad para aprender se hace cada vez más limitada.
Es cierto que un niño no aprende al mismo ritmo de un adulto. ¿Es un problema de aprendizaje?
De ninguna manera: es un problema de método.
Adaptabilidad, ante todo.
En nuestra primera infancia, nuestro aprendizaje depende fuertemente de la imitación, pues la estructura verbal básica está construyéndose y no contamos con todos los elementos de abstracción de un niño mayor. En ese período, nuestro aprendizaje se basa en la repetición, pues algunos conceptos no pueden adquirirse a partir de la deducción, que es el último proceso de aprendizaje (en el que tomamos elementos de nuestra realidad y podemos prever un resultado).
¿Qué se necesita para tomar un curso de inglés a cualquier edad?
De ahí en adelante, ¿cómo aprendemos?
Como adultos, la forma en la que aprendemos se vuelve mixta, un poco menos científica. Durante la vida adulta tenemos que enfrentar distintas pruebas y situaciones impredecibles que nos exigen adaptarnos a las circunstancias y a capitalizar lo aprendido durante las etapas previas de nuestra vida.
• Un método adecuado para nuestra edad (existe una progresión, como vimos en el apartado anterior. Según esto, podemos elegir cuál es el mejor método para cada caso).
• Disposición de tiempo.
• Una forma para medir nuestro progreso (cada competencia de un idioma puede cuantificar nuestro aprendizaje).
Nunca dejamos de aprender
Muchas personas abandonan un curso de inglés porque la metodología no se adapta a ellos. Es sorprendente la cantidad de deserciones que podrían evitarse si el curso se adapta a la edad del estudiante.
Nuestra forma de aprender es distinta en cada momento de nuestras vidas. Pero nunca dejamos de aprender.